
Todo empieza en la madera.
No hay una madera mejor que otra, sino una más adecuada para cada pieza: cada especie tiene su color, su veta, su tacto y su forma de envejecer. Y dentro de la misma especie no hay dos tablas iguales, así que se eligen una a una: por el color, por el dibujo de la veta y por el lugar que va a ocupar cada una en el mueble.
Cuando la pieza lo pide, los frentes salen de la misma tabla para que la veta continúe de un cajón a otro. Siempre que se puede, preferimos la madera maciza; y si un mueble grande necesita un tablero más estable, lo decimos claro: rechapado, con los frentes en madera maciza.






