Mueble de televisión de roble suspendido, con la luz integrada encendida

Mobiliario¿Por qué resignarse a que tu casa sea una copia de un catálogo?

Piezas únicas, pensadas para un sitio concreto y fabricadas una sola vez.

Madera, oficio y tiempo.

Un mueble a medida no es un mueble de catálogo con otras medidas. Nace de un sitio y de un uso concretos: el hueco junto a la escalera, la pared en la que no cabía nada, la mesa de noche que esconde el cargador del móvil.

Por eso cada pieza se dibuja, se fabrica y se remata en las mismas manos, sin prisas ni atajos. Cada mueble de esta página se hizo para un espacio concreto; el tuyo será igual de único.

Mano apoyada sobre una mesa de noche de madera

Todo empieza en la madera.

No hay una madera mejor que otra, sino una más adecuada para cada pieza: cada especie tiene su color, su veta, su tacto y su forma de envejecer. Y dentro de la misma especie no hay dos tablas iguales, así que se eligen una a una: por el color, por el dibujo de la veta y por el lugar que va a ocupar cada una en el mueble.

Cuando la pieza lo pide, los frentes salen de la misma tabla para que la veta continúe de un cajón a otro. Siempre que se puede, preferimos la madera maciza; y si un mueble grande necesita un tablero más estable, lo decimos claro: rechapado, con los frentes en madera maciza.

Cajón entreabierto con uniones en cola de milano

Uniones que no se esconden.

Cuando dos piezas de madera se cortan para encajar la una en la otra, la unión trabaja con la propia madera: reparte el esfuerzo, aguanta el uso diario y no depende de un tornillo que acabe aflojándose con los años. Es la forma de trabajar de la ebanistería de siempre, y sigue siendo la mejor.

Cada ensamble se elige según lo que tiene que soportar y según cómo se va a ver. Unos quedan ocultos dentro de la pieza; otros, como la cola de milano de este cajón, se dejan a la vista, porque cuentan cómo está hecho el mueble cada vez que lo abres.

Canto redondeado del asiento de un taburete de roble

Hecho para tocarlo.

Los cantos se redondean y se lijan hasta que la madera es agradable al tacto. Después llega el acabado, que se elige según el uso que va a tener cada pieza.

Nuestra primera opción es el aceite natural: penetra en la madera, la protege, hace que la veta destaque y conserva su tacto. Además, con los años se renueva con un poco de aceite, sin tener que lijar el mueble entero. Aun así, no hay un acabado único para todo: hay piezas en las que un barniz o un lacado encaja mejor, y entonces es el que elegimos.

¿Tienes una idea en mente?Hablemos.